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Lo que se cree sobre la adopción y lo que realmente sucede en San Juan

17 oct
4 min de lectura

Actualizado: hace 1 día

Frente a las creencias sobre trámites difíciles y la exigencia de un recién nacido, el Registro Único de Adopción combina el marco legal con un trabajo interdisciplinario. El objetivo central se enfoca en acompañar a las familias y priorizar los derechos de chicos y adolescentes.

Por Clara Salinas 


Foto de elaboración propia
Foto de elaboración propia

Adoptar un hijo en San Juan despierta miedos, dudas e ideas equivocadas. En la sociedad circulan afirmaciones cotidianas: que los trámites resultan eternos, que las exigencias son imposibles de cumplir o que solo vale la pena adoptar a un bebé recién nacido. Sin embargo, la realidad del sistema muestra que el principal obstáculo no es la ley ni la burocracia, sino la distancia entre las expectativas de los adultos y las necesidades reales de los chicos que esperan un hogar. Comprender el proceso de adopción exige analizar estas creencias y contrastarlas con el marco legal vigente y con la labor diaria que realiza el equipo del Registro Único de Adopción (RUA).

Del deseo del adulto al derecho del niño: requisitos accesibles y acompañamiento

Uno de los errores más comunes consiste en pensar que la adopción existe para satisfacer el deseo de maternidad o paternidad de las personas adultas. Desde la sanción de la Ley Nacional 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, el marco legal argentino establece con claridad que la adopción es una medida de protección destinada a restituir el derecho de cada niño a vivir en una familia.

La trabajadora social del equipo interdisciplinario del RUA, la licenciada Leonor Moral, remarcó este principio fundamental del sistema: "La finalidad siempre es buscar una familia que tenga competencia para recibir a un niño, niña o adolescente que necesite un hogar. Siempre se piensa en función del niño y no en función del adulto".

En cuanto a la supuesta complejidad burocrática, los requisitos de inscripción iniciales resultan sencillos y accesibles para cualquier persona mayor de 25 años, ya sea sola, en matrimonio, en unión convivencial o en parejas igualitarias. La espera prolongada no responde a una traba administrativa, sino a la falta de coincidencia entre las edades de los chicos en disponibilidad adoptiva y la disponibilidad limitada que declaran los propios postulantes al momento de inscribirse.

Más allá del recién nacido: la realidad de los chicos más grandes y grupos de hermanos

La creencia de que la adopción se limita a bebés o niños de pocos meses choca de frente con la realidad del sistema de adopción, tanto en la provincia como en el resto del país. Muchos de los niños y adolescentes que cuentan con la declaración judicial de adoptabilidad son mayores, tienen hermanos con quienes se busca mantener el vínculo o presentan alguna condición particular de salud.

Para acortar esta brecha entre el deseo individual y la demanda real, el equipo interdisciplinario del RUA, que integran trabajadoras sociales, psicólogas y sociólogas, realiza talleres vivenciales donde los postulantes conversan con familias que ya atravesaron la experiencia de adoptar chicos más grandes.

La licenciada Leonor Moral explicó la tarea que realizan durante los encuentros grupales: "En los talleres se busca deconstruir el 'niño ideal' que trae el adulto para que pueda encontrarse con el 'niño real'". Al escuchar testimonios directos sobre la crianza de adolescentes o hermanos, muchas personas revisan sus posturas iniciales y amplían de forma voluntaria su rango de edad aceptado.

Para ilustrar estas ideas falsas sobre las exigencias, la directora del RUA, la médica Teresa Rodríguez, recordó el caso de una mujer sanjuanina, cuya identidad es anónima, que deseaba adoptar sola mientras alquilaba un departamento de un solo ambiente. Convencida de que la justicia le negaría un niño por no tener pareja ni una casa grande, la mujer postergó su postulación durante varios años. Recién se acercó al RUA cuando el Estado le entregó una vivienda propia. En las entrevistas, el equipo profesional confirmó que reunía una gran capacidad afectiva y aprobó su carpeta, lo que demostró que el tamaño de la casa nunca fue un impedimento legal.

Garantías legales frente a reclamos de padres biológicos: la eliminación de los hogares de tránsito

El miedo a enfrentar reclamos legales de los padres biológicos surge del recuerdo de los antiguos "hogares de tránsito" que funcionaban décadas atrás. En aquel modelo informal, los niños permanecían bajo el cuidado de familias voluntarias sin una definición judicial clara. Esa situación derivaba en problemas dolorosos cuando los padres biológicos reaparecían o cuando las familias de tránsito devolvían a los menores tras años de convivencia.

Frente a esa problemática, la justicia sanjuanina eliminó los hogares de tránsito. Hoy, cuando un niño atraviesa una situación grave de vulneración de derechos, la Dirección de Niñez aplica una medida excepcional y lo aloja en una residencia estatal (como Casa Cuna u hogares oficiales). Durante ese período, el Estado agota todas las herramientas para revincular al menor con su familia de origen o extensa, es decir, con sus tíos, abuelos u otros parientes cercanos.

Únicamente si todas las instancias fracasan, el juez de Familia dicta la sentencia que priva de la responsabilidad parental a los progenitores y declara la situación de adoptabilidad. La directora del RUA, doctora Teresa Rodríguez, detalló el valor de esta garantía jurídica: "Las residencias pueden estar concurridas de chicos, pero no todos están en condiciones de adoptabilidad. Hay un proceso legal estricto previo para garantizar que ningún niño pase a adopción sin la privación de la responsabilidad parental de los progenitores". De este modo, cuando el RUA convoca a una familia inscripta, no existe posibilidad alguna de reclamos de los padres biológicos.

El trabajo profesional como respuesta a los prejuicios

El sistema de adopción actual combina el marco de las leyes de protección con la contención constante del equipo interdisciplinario. La tarea del RUA abarca tanto la evaluación de las carpetas como el acompañamiento en los talleres y durante el período de guarda preadoptiva.

Las intervenciones de las especialistas muestran que el desafío central radica en brindar información clara a la comunidad para derribar prejuicios instalados. De esta forma, el trabajo profesional busca orientar las expectativas de los adultos hacia las necesidades reales de los chicos, para que cada niño o adolescente en situación de adoptabilidad acceda al derecho de crecer en una familia.


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