Adopción por Integración: el camino entre el afecto y los papeles
Existe una realidad cotidiana donde el amor y la crianza se construyen en el hogar antes de llegar a los tribunales.
Por: Leila Codorniu
Cuando hablamos de familia, la biología suele ser el punto de partida tradicional, sin embargo, no siempre coincide con la presencia, el cuidado y el afecto real. En el universo del derecho de familia, la adopción por integración es una figura legal específica que consiste en adoptar al hijo o hija del cónyuge o conviviente. Es una respuesta jurídica para saldar la brecha entre la legalidad formal y el afecto.
A diferencia de otros procesos adoptivos donde se busca una familia para un niño o niña en situación de adoptabilidad, en la integración, la familia ya está formada. Su propósito esencial no es crear un vínculo desde cero, sino reconocer, consolidar y dar amparo legal a una relación ya construida por el rol cotidiano del padre o madre por integración.
En la legislación argentina, la regulación general de la adopción experimentó un hito trascendental con la sanción e implementación del Código Civil y Comercial de la Nación, vigente desde agosto de 2015. Dentro de su Título VI, los artículos 594 al 637 inclusive establecen las bases de los procesos adoptivos. El espíritu central de la normativa se apoya en el respeto primordial por el interés superior del niño, niña, adolescente y en el derecho fundamental a la identidad. De acuerdo con el marco legal, la adopción puede ser otorgada bajo dos modalidades principales: adopción plena, es irrevocable y le otorga a la persona adoptada los mismos derechos y obligaciones que cualquier hijo en la familia extendida del adoptante. Adopción simple, es revocable y no genera vínculos jurídicos permanentes con la familia extendida.
En el caso de la adopción por integración, la ley busca explícitamente mantener la continuidad del vínculo con el progenitor que convive con el hijo, al tiempo que evalúa la sustitución o integración respecto del otro progenitor.
Para comprender cómo esto afecta a las partes involucradas, es necesario escuchar el testimonio de alguien que ha pasado por el proceso. Ana Yudica nos cuenta cómo fue su experiencia y lo que significa crecer con una relación legal que no reflejaba su vida real.
“Mi padre biológico tuvo una presencia intermitente en mi vida hasta los 4 años y ahí se pierde el contacto” relata Ana. Pese a tratarse de una figura ausente, la paternidad legal continuaba formalmente a nombre de su padre biológico. Cuando Ana tenía 5 años, su madre se casó con quien asumiría de manera incondicional la crianza y el afecto diario, “su papá del corazón”
A sus 15 años su padre inició formalmente una petición judicial, Ana recuerda que el proceso duró cerca de dos años, atravesado además por las restricciones de la pandemia. Durante este periodo Ana y su padre pasaron por entrevistas personales, grupales e instancias de seguimiento social-familiar en su propio hogar. Al mismo tiempo, el juzgado emitió notificaciones judiciales al padre biológico otorgándole plazos e instancias formales para presentarse, opinar o reclamar la paternidad. Ante su falta de respuesta a las notificaciones, el tribunal dio lugar a la petición de adopción.
“Como resultado, mi padre biológico pierde la paternidad y la gana mi papá del corazón, con un cambio de apellido en el proceso”, explica Ana.
La adopción por integración es mucho más que un trámite administrativo o un cambio en la partida de nacimiento, es el reconocimiento institucional de que las familias se configuran a través de la presencia, el cuidado y la responsabilidad afectiva cotidiana.
Visibilizar esta figura permite desmitificar la adopción como un proceso reservado únicamente a niños sin cuidados parentales y abre la puerta para que miles de hijos y “padres del corazón” puedan formalizar los lazos que ya existen en el hogar. Garantizar procesos judiciales ágiles, empáticos y acompañados de una burocracia estatal simplificada es una deuda pendiente para que el derecho a la identidad sea una realidad plena y sin tropiezos.
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